11 de mayo de 2012

LAS TERAPIAS SEXUALES


En los varones las consultas más frecuentes están dadas por las disfunciones erectiles y la eyaculación precoz, aunque últimamente notamos un incremento de inhibición del deseo sexual y de fobias sexuales. En menor grado vemos casos de eyaculación retardada o ausente, crisis de identidad sexual, o conflictos con la homosexualidad.
En las mujeres las consultas más frecuentes son por anorgasmias, disfunción del deseo, y en menor grado fobias sexuales y vaginismo.
Una consulta que puede asociar la problemática de ambos miembros de la pareja es el llamado matrimonio no consumado, entendido así a quienes no han podido consumar un coito con penetración durante un lapso de unos 6 a 8 meses, a pesar de intentarlo al menos una vez al mes.
Un hecho digno de observarse es que ciertas depresiones comienzan a manifestarse por algún síntoma en el área sexual: disminución del deseo, menor respuesta erectiva, dificultad de llegar al orgasmo. Sólo en el curso de las entrevistas diagnósticas, y aún algo después, el síndrome depresivo irrumpe claramente. Lo remarcable es que al no ligar el síntoma sexual con esa depresión subclínica aquél va reforzando aún más la baja de la autoestima y la pérdida de confianza.

9 de mayo de 2012

¿ES USTED UN OBSESO SEXUAL?


Como todas las conductas, la sexualidad puede llegar a niveles obsesivos y compulsivos extremos e interferir con la vida cotidiana. Estas conductas fueron nominadas de diferente manera en las diferentes épocas: hipersexualidad, erotomanía, ninfomanía, satiriasis y ahora adicciones sexuales y comportamiento sexual compulsivo. Pero tendríamos que diferenciar las conductas parafílicas de las no parafílicas.
Siempre debemos pensar que en ciertas épocas de la vida hay una cierta "obsesión" con el sexo, especialmente en la adolescencia o en las etapas de apasionamiento. Distinto es cuando alguien dice "que tiene necesidad compulsiva de tener sexo", sin importarle si la otra persona lo desea y que se convierte en algo irrefrenable, interfiriendo en la vida diaria, incluso con conductas asociales, casi como una adicción. Esto es lo que lo convierte en algo compulsivo: no puede haber freno, ni se tienen en cuenta las necesidades o posibilidades del otro, o cuando una conducta a solas, por ejemplo, la masturbación, debe hacerse de una manera imperiosa, mecánica, ritualista. Este hecho es algo que caracteriza frecuentemente la conducta del obsesivo: los rituales. Deben hacerlo siempre de la misma manera, con la misma secuencia, con esto creen que neutralizan la angustia, pero sólo logra volver a depender del ritual y así se sigue manteniendo el síntoma. La secuencia es: para no angustiarme debo practicar el sexo de tal manera y eso me calmará cada vez que la angustia reaparecerá. Pero como el ritual no logra cambiar el estado angustioso de base, éste aparece con el consiguiente ritual habitual.
Generalmente los tratamientos se basan en una combinación de psicoterapias y psicofármacos. Algunos han propugnado el uso de antiandrógenos especialmente en algunas parafilias. Esto sigue siendo objeto de controversia. Los fármacos más usados son la clorimipramina (antidepresivo tricíclico) o los ISRS como agentes recaptadores de la serotonina (fluoxetina, paroxetina, sertralina). En algunos casos refractarios los ISRS se han combinado con risperidona (antipsicótico atípico) con resultados alentadores. Todo ello debe combinarse con técnicas psicoterapéuticas, preferentemente de tipo comportamentales o cognitivas como las que suelen implementar los terapeutas sexuales. La medicación, es obvio, la debe manejar un psiquiatra, sea o no sexólogo.

7 de mayo de 2012

LAS POSICIONES EN EL ACTO SEXUAL


La sexología no reconoce una determinada posición como normal o natural a la hora de hacer el amor. Los seres humanos no siempre hicieron el amor de la misma manera, menos aun de una única forma. Para comprobarlo sólo hace falta echar una mirada a los testimonios gráficos y artísticos que se han ido dejando a lo largo de la historia. "Un personaje de ingenio debe multiplicar las clases de unión sexual", sugiere el Kama Sutra, uno de los tantos textos orientales dedicados al erotismo. Lejos de esta propuesta, la cultura occidental nos ha legado como única y aconsejable la posición llamada del misionero, o sea mujer en posición acostada, supina, y varón arriba.
¿De donde proviene este peculiar nombre? Después de que James Cook conquistara Samoa, llegaron los misioneros anglicanos a las islas y, con horror, verificaron que los nativos no asociaban el coito con la reproducción, ya que esta última era atribuida al espíritu totémico. Así disfrutaban libremente del sexo. Por otro lado, vieron que la posición más usada era la de la mujer arriba o en cuclillas. Entonces intentaron enseñarles las virtudes del coito "natural" que era el del varón arriba y con finalidad meramente reproductiva: esos nativos, irónicamente, llamaron a ese modo coital "la posición del misionero".

Más allá de su historia, lo que condiciona al varón de hoy son los mandatos que trataron de imponer una posición natural o de establecer que la cantidad es lo mejor. Hay parejas que sólo utilizan para sus encuentros sexuales una única posición, con escasas variantes y juegos, lo que va creando una cierta rutina en los encuentros; incluso sin tener en cuenta que hay posturas que pueden ser más placenteras para un miembro que para el otro. Acaso sea por eso que, desde tiempos lejanos, los seres humanos vienen buscando variaciones que les permitan hacer renacer la pasión o aumentarla.
Existen algunas que pueden resultar dolorosas o traumáticas para quienes la practican. Es bastante común ver lesiones en los cuerpos cavernosos por movimientos bruscos y violentos. Algunas mujeres pueden padecer dolor cuando colocan sus piernas en los hombros de su compañero para que éste las penetre. En este caso la explicación radicaría en el hecho de que la punta del pene puede hacer contacto con el cuello uterino. Pero también podemos destacar una a favor de esta posición: con la mujer bien lubricada permite la introducción del pene semierecto y esto ayuda en aquellos que no logran una completa rigidez.

4 de mayo de 2012

LAS PARAFILIAS: EL FROTTEURISMO

Los frotteuristas aprovechan las aglomeraciones para practicar sus actos, como en las aceras estrechas, desfiles, manifestaciones, cines, pero sobre todo en los autobuses o trenes subterráneos, pues se ponen de pie para facilitar el contacto. Aprietan sus genitales contra las nalgas o muslos de la víctima, o les tocan los genitales, las nalgas o las mamas, mientras imaginan estar viviendo una verdadera relación sexual. Pero como saben que si son denunciados o agredidos deben escapar inmediatamente, prefieren los lugares abiertos o el momento en que pueden bajar rápidamente de los vehículos. La mayoría de las mujeres reaccionan con enfado, gritan o propinan  un castigo al agresor sexual, provocando su huída precipitada. No obstante, los frotteuristas relatan que un porcentaje no pequeño de mujeres acepta de buen  grado sus caricias, y ello depende del buen aspecto del parafílico, por lo que puede terminar en una conversación para encontrarse más tarde, oportunidad que raramente se utiliza, pues el placer más intenso radica en el frotamiento no consentido.
La consulta psiquiátrica o sexológica se produce cuando son enviados por el juez, luego de una  denuncia comprobada por atentado violento al pudor, que es el delito sexual en que incurren con esta práctica, o por disfunciones sexuales o baja frecuencia sexual, pues prefieren masturbarse con fantasías de frotteur. También se deprimen y se incrementa la práctica en estos periodos
Hay frotteuristas de varios tipos: exclusivos, cuando sólo se excitan con esta práctica, no exclusivos, cuando pueden tener pareja y también mantienen relaciones sexuales; parciales, cuando se conforman con un rozamiento mínimo, o completos, cuando llegan al orgasmo durante el rozamiento; selectivos, cuando acechan a mujeres acompañadas o que posean ciertas características, sobre todo en el cine, o no selectivos, cuando agreden a mujeres solas. El tocamiento puede ser compulsivo, disimulado, discreto o brusco. Los que abusan en el vehículo público que deben utilizar para ir al trabajo, cuando se ponen en evidencia o son descubiertos suelen cambiar de horario, lo cual perturba realmente sus vidas. El tocamiento puede producirse en compañeras de trabajo y algunas demandas por acoso sexual se deben a esta parafilia, pero no es lo común. Se manifiesta con mayor frecuencia en varones entre los 15 y los 25 años de edad, y luego la frecuencia declina gradualmente. Nuevamente la experiencia de haber sido tocados o de haber tocado a adultos en el curso de la infancia en circunstancias traumáticas, puede ser una de las causas del problema.
No se debe confundir el frotteurismo con el placer natural del contacto que se produce entre los cuerpos en determinados lugares de aglomeración pública como un festival de música o durante el baile con la pareja que consiente, ni en contactos circunstanciales e involuntarios, en que hay roces de rodillas, muslos, brazos, nalgas o codos, en cualquier lugar en que la distancia íntima es invadida sin protesta. Hay culturas de contacto como la de las latinas, árabes y judías, y culturas de no contacto, como las anglosajonas, que admiten con mayor o menor reticencia el contacto breve entre personas que comparten asientos adyacentes o en los pasillos del transporte público.
El placer de tocar o rozar corporalmente a otra persona es universal y no se trata de ningún trastorno. Es una experiencia sensorial de las más gratificantes, así como de las más primitivas.

2 de mayo de 2012

LAS PARAFILIAS: EL SADISMO


Se trata de una parafilia específica en que hay modificaciones del acto sexual por la erotización del dolor, completando el par sadismo-masoquismo, en que el placer obtenido proviene del sufrimiento ajeno. Vamos a buscar una definición: “Con una pareja que no consiente, el individuo ha infligido repetida e intencionalmente sufrimiento psicológico o físico con objeto de obtener excitación sexual. Con una pareja que sí consiente, el modo repetidamente preferido o exclusivo de obtener excitación sexual combina la humillación o sufrimiento corporal simulado o ligero. Y tratándose también de una  pareja que consiente, se le han infligido lesiones corporales que son intensas, permanentes o posiblemente mortales, con el objeto de obtener excitación sexual.”
Desde luego, hay grados. Desde quien evoca fantasías sádicas durante el acto sexual, en que el sujeto controla totalmente a una víctima aterrorizada por la situación amenazante, pero que no las lleva a cabo en la realidad, pasando por conseguir víctimas que consienten ser agredidas, a someter contra su voluntad a personas para provocarles sufrimiento. Las fantasías pueden ser muy variadas, ya que economizan la realidad, pero a veces los actos cometidos en la realidad son muy complejos y truculentos.
Estos actos o fantasías sádicas pueden ser: inmovilizar físicamente a la víctima, atarla con los ojos vendados a la cama o contra un objeto firme, darle una paliza, azotarla, pincharla o perforar el cuerpo con objetos punzantes, quemarla con cigarrillos, aplicarle descargas eléctricas, efectuarle cortes, intentos de estrangulación, obligar a la víctima a arrodillarse, a comer excrementos, encerrarla en una jaula y finalmente, el homicidio. La violación con penetraciones anales y vaginales violentas y todos su prolegómenos forman parte de los actos sádicos posibles. Hay casos en que se deben realizar cada uno de estos actos. Otros, se conforman con uno solo de estos actos, por ejemplo, estrangular, sin intentar siquiera violar a la víctima. Basta con verla sufrir, disfrutar su dominio total sobre ella o presenciar su agonía.
Un cierto monto de agresividad forma parte de las actividades  sexuales normales, pero en el sadismo sexual esta agresividad es excesiva y responde a otras causas. El psicoanálisis reconoce componentes sadomasoquistas normales en todos los seres humanos, pero su expresión es regulada por la adecuada resolución de los conflictos de la etapa anal-sádica del desarrollo psicosexual, así como la elaboración de las situaciones traumáticas agresivas a los que el niño se vio expuesto. Estas situaciones son fantaseadas con relación al acto sexual de los padres con la violencia, por ejemplo, pues escucha quejas y gritos que interpreta como dolorosos. Por la identificación con sujetos agresivos -como el padre o la madre- o con personas agredidas que desean vengar, como la madre humillada o el padre despreciado o los hermanos castigados, cuando llega a la adolescencia y a la edad adulta, el individuo adopta conductas sádicas.
A falta de estímulos de humillación y violencia, el sádico sexual puede padecer de disfunciones sexuales, pero en sentido contrario, las fantasías sádicas actúan como disparador para provocar la respuesta deseada. No es común que él consulte al médico, aunque sí lo hace su mujer, aterrorizada por las “cosas monstruosas” que le proponen hacerle o han intentado hacerle o incluso le ha practicado contra su voluntad.

30 de abril de 2012

LAS PARAFILIAS: EL MASOQUISMO


El masoquismo es una parafilia específica, y constituye uno de los elementos parafílicos junto al sadismo sexual de la erotización del dolor. La caracterización de la misma está dada porque el modo preferido o exclusivo de producir excitación sexual es el hecho de ser humillado o atormentado, o de participar intencionalmente de actividades en que se es lesionado físicamente o se pone en peligro su vida para sentir placer sexual. Hay sustitución del acto sexual coital por otro que produzca dolor.
Una o dos personas por millón de habitantes y por año, según estadísticas, mueren en Estados Unidos, Canadá, Australia e Inglaterra por la práctica masoquista de la hipoxifilia, que consiste en la privación de oxígeno para incrementar el placer sexual, a solas o en pareja, mediante bolsas de plástico en la cabeza, compresión de tórax o nudos en el cuello, generalmente a causa de errores de procedimiento o accidentes.
Pero las conductas masoquistas sexuales son varias: las formas de ser humillado comprenden el ser orinado, defecado, obligado a arrastrarse, a imitar animales, a suplicar, a vestirse con ropa del otro sexo. El ser vendado y encapuchado implica sumisión sensorial. Por algo la tortura comienza con la capucha que despersonaliza al sujeto. Aquí lo que predomina es la humillación verdadera, el sentir la dignidad propia reducida a cero. También puede pedir ser tratado como un niño en el infantilismo, o que le efectúen perforaciones en la piel o los genitales  (infibulación). Las fantasías de humillación suelen ser aun más atrevidas y ricas que la realidad: estar en situación de ser torturado o violado por múltiples personas, castigado con todo tipo de objetos hasta la muerte. Hay una suerte de tanatofilia o afición por la muerte, por parte del masoquista. También se fantasea ser siervo o esclavo al servicio incondicional de amos abusivos, o ser agredidos en un  callejón oscuro por una fusta que le propina unos golpes. Cuando se trata de fantasías que no son preparatorias de actos masoquistas, son indispensables para excitarse durante la masturbación o el coito.
Los castigos reales pueden ser producidos por la pareja, con látigos, palos, picanas, cortes, pinchazos y golpes o con cualquier objeto, hasta que la lesión mane sangre o simplemente duela lo suficiente. También el masoquista se autocastiga en la flagelación, se pincha con agujas, se produce descargas eléctricas o se ata con alambres. 
Con frecuencia, tienen dificultades para encontrar parejas que consientan practicarle estas conductas agresivas y entonces se autoagreden.

27 de abril de 2012

LAS PARAFILIAS: EL VOYEURISMO

Es una parafilia específica, complementaria del exhibicionismo, provocada por la erotización patológica de la mirada del paciente. El nombre proviene de un galicismo o barbarismo:  ”voyeur” (veedor).  Los sinónimos del voyeurismo son: inspeccionismo, mironismo (de mirón), visionismo, escoptofilia, atisbamiento.
Lo característico del voyeurista es que se oculta para observar, espía, atisba. Las personas a quienes mira suelen ser desconocidas, o por lo menos no están informadas de que alguien les está mirando, es decir, no consienten que se las mire. Por tanto, no es voyeurismo mirar a una persona que se desviste en la playa, o a la esposa en el momento de desvestirse y menos si lo hace como acto de provocación erótica explícita: si se observa a un ser amado desnudándose y se siente placer, ello es normal. A todos le gusta mirar como forma de comunicación sexual, pues la mirada es el sentido más poderoso en el lenguaje del cortejo a distancia. Tampoco es voyeurismo el mirar material pornográfico para incrementar el deseo sexual, como acto preparatorio de la actividad sexual. 
El trastorno empieza en la infancia, se instala antes de los 15 años de edad y su curso es crónico. En su forma más grave, mirar o balconear como espectador la vida sexual de los demás es su única forma de actividad sexual. Los voyeuristas compran potentes binoculares para espiar la vida íntima de sus vecinos de enfrente, modifican sus horarios para poder estar a la hora en que la vecina se acuesta, se cambia de ropa o hace el amor con su pareja o se desnuda para ir al baño. Hay voyeuristas que alquilan habitaciones de pensiones antiguas desde donde pueden espiar a través de la cerradura o rendijas hacia la estancia vecina, o efectúan orificios en puertas y hasta en las paredes. A veces se asocia con el escuchismo, oyendo los ruidos del placer en las piezas vecinas. Suelen llegar al orgasmo mientras miran o se masturban después con la evocación de lo visto con fantasías agregadas.
Para el psicoanálisis, el voyeurismo posee la misma psicopatología que el exhibicionismo, pero la angustia de castración suele fijarse por haber presenciado la escena primaria o el coito de los padres, o bien, al contemplar los genitales de los adultos. Cuando miran el desnudo o el coito de otros, tratan de asegurarse de que no hay peligro de perder su pene, como castigo por la transgresión, repitiendo en calidad de espectador, las escenas temidas. Es decir, repiten la escena traumática con el deseo de ejercer un control sobre él. A veces lo que tienen que mirar posee un carácter específico, determinado por el tipo de situación traumática vivida en la infancia.
Pero el voyeurista no se calma totalmente cuando mira estas escenas, aunque le provoca una gran excitación sexual y, luego se masturba con las fantasías o la visión de la realidad que observa. Esto lo lleva a ser insaciable y a incrementar sus experiencias, exponiéndose a ser descubierto o denunciado, tratando de ver más y más, o repitiendo con mayor frecuencia sus incursiones de atisbamiento y espionaje. A veces, desplazan su interés solo a los juegos preliminares del coito o incluso a aspectos pregenitales de la sexualidad. Si utilizan videos pornográficos previo al coito, luego no realizan el coito, pues su sexualidad está saciada con mirar.
Esta parafilia es casi exclusivamente masculina, pero cuando se ve en mujeres, en lugar de curiosear el coito, los actos se desplazan hacia escenas sádicas o destructivas, como disfrutar mirando películas de terror, escenas de catástrofes, accidentes, guerras, operaciones quirúrgicas, escenas de hospital, etcétera.
Como toda parafilia, el voyeurismo, tiene una fuerte estructura narcisística, así que tampoco sus portadores son capaces de amar. Sus fantasías y conductas invaden de tal modo sus vidas, que les dejan poco tiempo para una vida sexual normal, perturban su vida laboral y se sienten incompletos. No obstante ello, como en toda parafilia, no consultan por esta causa, sino que es un hallazgo cuando consultan por una disfunción sexual, trastornos del humor o ansiedad.
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